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lunes, 16 de abril de 2007

Flannery O'Connor


«Soy una de esas personas que penetran la nada. La buena gente del campo»



Este fin de semana he terminado los cuentos de Flannery O'Connor en edición bolsillo para que fuera más cómodo de llevar al parque.

Un conjunto imprescindible de buenos cuentos que como dijo la propia Flannery se expande dentro de mi para mi propio crecimiento personal:


«Un buen cuento no puede ser reducido, sólo puede ser expandido. Un cuento es bueno cuando ustedes pueden seguir viendo más y más cosas en él, y cuando, pese a todo, sigue escapándose de uno.»
En este enlace podéis leer uno de sus cuentos: 'El río', aunque no es de los mejores os puede servir de ejemplo de su prosa.

Durante las mañanas del fin de semana ha hecho muy buen tiempo y como siempre hemos disfrutado del placer gratuito más gratificante, pasear por el parque (en este caso el Retiro) y tomar el sol mientras leemos buenos libros.
Por las tardes las nubes cubrían el cielo e incluso soltaban algo de agua, es curioso pero hasta hoy Martes todos los días han seguido el mismo patrón. Así que nos dedicamos a ver pelis y continuar con otras lecturas (en mi caso 'Tirando del hilo', una recopilación de artículos de Carmen Martín Gaite), Pedro además enreda con el ordenador y juega a la PSP (en su caso decir que libro está leyendo es más complicado porque tiene 5 o 6 empezados de los cuales un porcentaje alto está medio abandonado, parece que sobre que al que más caso hace es 'Obra selecta' de Cyril Connolly).
Las películas vistas (todas francesas) han sido más bien flojas pero las pongo para que no se me olvide que las he visto:




'Algunos días de Septiembre', bastante entretenida sin ser película de culto. A los mellis quizás les guste, al menos no es sólo acción.








'El último día' un drama un tanto enrevesado.











'Zazie en el metro' una comedia al estilo Tati. Demasiado locura para mi gusto aunque curiosa.









En cuanto a las sesiones fotográficas con la Lumix LX2 parece que vamos mejorando, aunque hubo mosqueo inicial porque las fotos salían demasiado ruidosas, parece que poco a poco Pedro va aprendiendo a salvar el problema que tiene la cámara al salvar a JPEG.

lunes, 9 de abril de 2007

Buzzati




Durante la Sema Santa me he leido 'Sesenta relatos' de Dino Buzzati. He encontrado algunos de sus cuentos completos en Ciudadseva (por si alguien quiere conocer un poquito y ver si os entra el gusanillo como a mi), además os pongo una selección de fragmentos de los cuentos que más me han gustado, me faltaría añadir algo del relato 'Los 7 pisos' pero considero que es mejor leerselo completo.


Fragmento de 'La gota':
«¿No será entonces una alegoría? ¿Un símbolo de la muerte, por decirlo de alguna manera? ¿O de un peligro que acecha? ¿O los años que pasan? [...] Os digo que no, que hablo en serio, que no hay dobles sentidos. [...] Se trata simplemente de una gota de agua que de noche sube por la escalera.»
Fragmento de 'Los siete mensajeros':
« No existe, sospecho, frontera, al menos en el sentido en que nosotros estamos acostumbrados a pensar. No hay murallas que separen ni valles que dividan ni montañas que cierren el paso. Probablemente cruzaré el límite sin advertirlo siquiera e, ignorante de ello, continuaré avanzando. Por esta razón pretendo que, cuando me hayan alcanzado de nuevo, Escipión y los otros mensajeros que le siguen no partan ya hacia la capital, sino que marchen por delante, precediéndome, para que yo pueda saber con antelación aquello que me aguarda. Desde hace un tiempo, se despierta en mí por las noches una agitación insólita, y no es ya la nostalgia por las alegrías abandonadas, como ocurría en los primeros tiempos del viaje; es más bien la impaciencia por conocer las tierras ignotas hada las que me dirijo. Día a día, a medida que avanzo hacia la incierta meta, voy notando -y hasta ahora a nadie se lo he confesado- cómo en el cielo resplandece una luz insólita como nunca se me ha aparecido ni siquiera en sueños, y cómo las plantas, los montes, los ríos que atravesamos, parecen hechos de una esencia diferente de aquella de nuestra tierra, y el aire trae presagios que no sé expresar. Mañana por la mañana una esperanza nueva me arrastrará todavía más adelante, hacia esas montañas inexploradas que las sombras de la noche están ocultando. Una vez más levantaré el campamento mientras por la parte opuesta Domingo desaparece en el horizonte llevando a la ciudad remotísima mi inútil mensaje. »
Fragmento de 'Algo habia sucedido':
« Sin decir palabra, la señora levantó un poco el fragmento, a fin de que pudiéramos verlo. Todos lo habíamos visto, aunque ella aparentaba ignorarlo. A medida que crecía el miedo, nos volvíamos más cautelosos. Corríamos como locos hacia una cosa que terminaba en ION y debía de tratarse de algo espeluznante; poblaciones enteras se daban a la fuga. Un hecho nuevo y poderoso había roto la vida del país, hombres y mujeres solamente pensaban en salvarse, abandonando casas, trabajos, negocios, todo, pero nuestro tren no, el maldito aparato, del cual ya nos sentíamos parte como un pasamano más, como un asiento, marchaba con la regularidad de un reloj, a la manera de un soldado honesto que se separa del grueso del ejército derrotado para llegar a su trinchera, donde ya la ha cercado el enemigo. Y por decencia, por un respeto humano miserable, ninguno de nosotros tenía el coraje de reaccionar. ¡Oh los trenes, cómo se parecen a la vida! Faltaban dos horas. Dos horas más tarde, a la llegada, ya sabríamos la suerte que nos esperaba a todos. Dos horas. Una hora y media. Una hora. Ya descendía la oscuridad. Vimos a lo lejos las luces de nuestra anhelada ciudad y su inmóvil resplandor reverberante, un halo amarillo en el cielo, nos volvió a dar un poco de coraje. La locomotora emitió un silbido, las ruedas resonaron sobre el laberinto de los cambios. La estación, la superficie -ahora oscura- del techo de vidrio, las lámparas, los carteles, todo estaba como de costumbre. Pero, ¡horror! Aún el tren se movía, cuando vi que la estación estaba desierta, los andenes vacíos y desnudos. Por más que busqué no pude encontrar una figura humana. El tren se detuvo, al fin. Corrimos por el andén hacia la salida, a la caza de alguno de nuestros semejantes. Me pareció entrever al fondo, en el ángulo derecho, casi en la penumbra, a un ferroviario con su gorro que desaparecía por una puerta, aterrorizado. ¿Qué habría pasado? ¿No encontraríamos un alma en la ciudad? De pronto, la voz de una mujer, altísima y violenta como un disparo, nos hizo estremecer. "¡Socorro! ¡Socorro!", gritaba y el grito repercutió bajo el techo de vidrio con la vacía sonoridad de los lugares abandonados para siempre. »

No se me ha olvidado escribir sobre la Semana Santa, estoy esperando que Pedro me pase las fotos que ha hecho con nuestra nueva camara la Lumix LX2, que nos compramos el viernes 30 de Marzo en la tienda Galeote que hay en la calle Preciados.